“Supongamos que uno de ustedes tiene 100 ovejas y se pierde una de ellas. ¿no dejaría a las 99 en el campo para ir en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?”

— Lucas 15:4 (NVI)

Vivimos en un mundo gobernado por cifras. Las redes sociales, por ejemplo, nos moldean, nos forman y nos enseñan a medir nuestro valor en likes, seguidores y alcance. No hay quien se salve de esto. Las empresas basan su éxito en métricas y rendimiento y trabajan a toda costa por quedarse con tu atención, Por que la atención es la nueva moneda de cambio; nos estamos volviendo adictos a los números y creemos que más siempre es mejor.

Pero no es como veo que Jesús pensaba.

Él veía a las personas. Mientras el mundo a su alrededor buscaba multitudes, Él se detenía por uno. Un gadareno endemoniado. Una mujer junto a un pozo. Un cobrador de impuestos odiado por todos. Una sola oveja perdida en el desierto.

La historia que contó en Mateo 15 versículo 4 es absurda desde cualquier lógica humana: un pastor con cien ovejas deja a noventa y nueve para ir tras una. Desde un punto de vista empresarial, es una pésima inversión. Pero en el Reino de Dios, el valor de una persona no se mide en eficiencia ni en estadísticas, sino en amor. 

Jesús es el prototipo, él modeló el amor.
Dios demostró en Cristo que las personas están para amarlas

Al mismo tiempo, somos una generación atrapada en la mentalidad de la productividad. Nos obsesiona cuántos asistentes tiene una iglesia, cuántos miembros hay en un grupo de discipulado, cuántos compartieron nuestra última publicación. Sin darnos cuenta, podemos empezar a ver a las personas como cifras en una base de datos en vez de verlas como almas con nombre y propósito.

Pero Jesús nunca dejó que la cantidad lo distrajera de lo importante. Cuando las multitudes lo seguían, Él veía historias individuales. No vio un auditorio lleno, vio a un ciego clamando a gritos, a un leproso que nadie tocaba, a una mujer que solo pudo tocar el borde de su manto.

Si Jesús no se dejó atrapar por las masas, ¿por qué nosotros sí?

Corrie ten Boom dijo una vez que si el diablo no puede hacerte pecar, te obligará a estar ocupado. Y basado en mi propia experiencia personal, me atrevo a decir que hay harto de verdad.

Me gusta mucho lo que dice John Mark Comer, en su libro “Elimina la prisa de tu vida” acerca de este “mantra” de Corrie Ten Boom.

“Tanto el pecado como el estar ocupado tienen exactamente el mismo efecto: cortan tu conexión con Dios, con otras personas e incluso con tu propia alma”.

Si el enemigo no puede hacer que abandonemos nuestra fe, intentará distraernos con cosas buenas que no son lo esencial. Nos mantendrá ocupados con eventos, estrategias, planificación, proyectos… todo menos lo que realmente importa: personas reales con nombres y rostros que Dios está llamando.

Si nuestro Padre Amoroso, está redimiendo todas las cosas en Cristo (y es así) ¿no será entonces que Él no solo ve lo que una persona es hoy, sino lo que puede llegar a ser en Él?. Vio a un gadareno poseído y lo convirtió en un evangelista. Vio a una mujer con un pasado roto y la hizo la primera en anunciarlo como el Mesías. Vio a un político corrupto y lo transformó en alguien radicalmente generoso.

Que este año aprendamos a caminar El Camino de Jesús, al ritmo de Jesús. Pidamos el corazón que Él tiene por los perdidos, y que nuestro barrio pueda escuchar Su voz. Y que la misma gracia y misericordia que te encontró un día, pueda también hallar a otros como tú y como yo. Un amigo que se alejó. Un familiar que dejó la iglesia. Un compañero de trabajo que parece tenerlo todo pero en el fondo está perdido. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a dejar las noventa y nueve y salir por ese uno? 

Si la respuesta es sí, ¡buenas noticias! Hacer esto parece imposible. ¿Esa es la buena noticia? pues si.Imposible para nosotros, no para Él. Estamos en el equipo correcto, Dios está de nuestro lado ¡Él quiere, y puede hacerlo!
¡Claro que son buenas noticias! Sumémonos con confianza y alegría a lo que Él está haciendo y seamos colaboradores gozosos de Su obra.